18 presidentes estuvieron en la logia.
La Gran Logia de Bolivia se creó en 1929. La mayoría de sus miembros vive en La Paz. Unos 200 son extranjeros. Su máxima autoridad, el Número Uno, es un médico salubrista y economista. No permite mujeres ni homosexuales declarados. Un hombre tiene que ser recto como una escuadra.
En Bolivia están inscritos 2.863 masones. La mayoría, casi 700, vive en La Paz. Los demás se distribuyen entre Santa Cruz, Cochabamba y los otros seis departamentos. Cerca de 200 miembros son extranjeros: ingleses, iraníes, estadounidenses y asiáticos.
El 20 de noviembre de 1929 se creó la logia, cuya gran puerta de madera da paso a la sensación de frialdad que sube desde el piso de mármol. Al ascender las gradas, en el primer piso, está él. Las patillas llegan al borde del cuello de su traje rojo. Las entradas en su cabeza pronostican una madrugadora calvicie. Sus oscuros ojos observan. Arrugas cruzan su frente. Es serio. La mirada de Simón Bolívar sigue a los masones mientras se dirigen a la primera planta.
El comedor. Smoking sobre el cuerpo y corbata de gato en el cuello es el uniforme para los varones. El vestido blanco, hasta el piso, suele engalanar a las mujeres. Así de elegantes asisten a sus fiestas. Bajo una disciplina casi militar, todos se levantan y se van cuando el Gran Maestro anuncia que es necesario dejar el salón.
Espadas sin filo cuidan la entrada del templo mayor. Dos columnas flanquean la puerta. Una piedra del tamaño de una cabeza yace a un costado. Frente a ella descansa un bloque triangular parecido a una roca. La figura de una cadena acorrala el templo. Signos zodiacales adornan el techo y 350 sillas rodean el salón. En la cabecera aguarda la silla del Gran Maestro y sobre él hay un vitral con un gran ojo encerrado en un triángulo que representa el conocimiento. En los costados se sitúan los símbolos de la luna y el sol.
Los otros cinco templos de la logia son similares; excepto que en la cabecera donde se sienta el venerable yace un cráneo que, con dos huecos en lugar de ojos, parece mirar y recordar a sus hermanos que la muerte es parte de la vida.
En el segundo piso está la galería de ex presidentes masones del país: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Andrés de Santa Cruz, José Ballivián, José María Linares, Adolfo Ballivián, Tomás Frías, Narciso Campero, José Manuel Pando, Ismael Montes, David Toro, Germán Busch, Enrique Peñaranda, Gualberto Villarroel, Hugo Ballivián, Víctor Paz Estenssoro, René Barrientos y Juan Pereda. Sus 18 rostros miran a través del tiempo. Cerca de una ventana las caras de seis ex combatientes de la Guerra del Chaco yacen enmarcadas con sus trajes e insignias masones.
De lunes a viernes, los zapatos oscuros suben los peldaños de madera. Hace más de 50 años, él subió por ahí. Cuando le tomaron la foto tenía los ojos claros y el futuro oscuro. Entre Ballivián y Peñaranda, Gualberto Villarroel ahora es parte de la galería de masones muertos. Los vivos continúan el ascenso hacia el segundo piso.
El 20 de noviembre de 1929 se creó la logia, cuya gran puerta de madera da paso a la sensación de frialdad que sube desde el piso de mármol. Al ascender las gradas, en el primer piso, está él. Las patillas llegan al borde del cuello de su traje rojo. Las entradas en su cabeza pronostican una madrugadora calvicie. Sus oscuros ojos observan. Arrugas cruzan su frente. Es serio. La mirada de Simón Bolívar sigue a los masones mientras se dirigen a la primera planta.
El comedor. Smoking sobre el cuerpo y corbata de gato en el cuello es el uniforme para los varones. El vestido blanco, hasta el piso, suele engalanar a las mujeres. Así de elegantes asisten a sus fiestas. Bajo una disciplina casi militar, todos se levantan y se van cuando el Gran Maestro anuncia que es necesario dejar el salón.
Espadas sin filo cuidan la entrada del templo mayor. Dos columnas flanquean la puerta. Una piedra del tamaño de una cabeza yace a un costado. Frente a ella descansa un bloque triangular parecido a una roca. La figura de una cadena acorrala el templo. Signos zodiacales adornan el techo y 350 sillas rodean el salón. En la cabecera aguarda la silla del Gran Maestro y sobre él hay un vitral con un gran ojo encerrado en un triángulo que representa el conocimiento. En los costados se sitúan los símbolos de la luna y el sol.
Los otros cinco templos de la logia son similares; excepto que en la cabecera donde se sienta el venerable yace un cráneo que, con dos huecos en lugar de ojos, parece mirar y recordar a sus hermanos que la muerte es parte de la vida.
En el segundo piso está la galería de ex presidentes masones del país: Simón Bolívar, Antonio José de Sucre, Andrés de Santa Cruz, José Ballivián, José María Linares, Adolfo Ballivián, Tomás Frías, Narciso Campero, José Manuel Pando, Ismael Montes, David Toro, Germán Busch, Enrique Peñaranda, Gualberto Villarroel, Hugo Ballivián, Víctor Paz Estenssoro, René Barrientos y Juan Pereda. Sus 18 rostros miran a través del tiempo. Cerca de una ventana las caras de seis ex combatientes de la Guerra del Chaco yacen enmarcadas con sus trajes e insignias masones.
De lunes a viernes, los zapatos oscuros suben los peldaños de madera. Hace más de 50 años, él subió por ahí. Cuando le tomaron la foto tenía los ojos claros y el futuro oscuro. Entre Ballivián y Peñaranda, Gualberto Villarroel ahora es parte de la galería de masones muertos. Los vivos continúan el ascenso hacia el segundo piso.
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